Priscilla lleva un par de días en un taller kazajo, donde están haciendo todo lo posible para que resucite.

Aquí creen que el milagro es posible, nosotras… Un poco como Santo Tomás, esperando escuchar de nuevo el motor de Prisci antes de empezar a dar saltos.

Y es que tantas veces antes nos han asgurado que Pricilla llegaría a Mongolia sin problemas, que por más que queramos creerlo, necesitamos verlo.

Pero está claro que toda esa energía positiva que nos mandáis nos está ayudando.

Mil gracias a todos por estar ahí y ojalá mañana os podamos contar que el milagro ocurrió de verdad.

De momento hoy no va a ser, el taller está a punto de cerrar y por más que se esfuerzan, faltan piezas muy difíciles de conseguir (ayyyy, esa bomba de gasolina, qué dolor de cabeza!).